Isla 103
Crema y verde oliva, aire atlántico. Serena y luminosa, para cocina de mar y mantel claro.
Una pegatina en cada mesa. El primer QR abre tu carta al instante. El segundo lleva a tu cliente directo a tu perfil de Google a dejarte su reseña —justo al acabar de comer, que es cuando de verdad la deja.
Cualquiera pone un QR con la carta. La diferencia está en qué pasa cuando el cliente termina de comer y está más contento que nunca: ese es el momento de pedirle la reseña, no al día siguiente por correo.
Lo escanea al sentarse y ve tu carta en el móvil: rápida, sin descargar nada, siempre actualizada. Cambias un precio o un plato del día y se actualiza solo.
Al acabar de comer, lo escanea y llega directo a tu perfil de Google para dejarte su reseña. Del móvil a tu ficha, sin pasos de más y sin descargar ninguna app.
Cada negocio tiene su carácter, y la pegatina se adapta a él: los colores, el estilo, los textos e incluso la forma de los puntos del propio QR. La personalización es absoluta y no tiene límite. Estos son solo nueve ejemplos.
Crema y verde oliva, aire atlántico. Serena y luminosa, para cocina de mar y mantel claro.
Berenjena, crema y brasa. Cálida y con carácter, para cocina de fuego y barra de producto.
Blanco, negro y un golpe de amarillo. Directo: dos pasos y a comer.
Sin iconos. Manda la tipografía y la invitación va de frente: deja tu reseña.
Un camino dibujado del primer código al segundo. El cliente ve su trayecto.
Cabecera negra, logo manuscrito y dos columnas que no dejan duda.
Azul profundo y oro. Para cocina de autor y cenas con mantel.
Terracota y crema, sabor de barrio. Tu visita empieza aquí.
Amarillo vivo y mensajes con guiño. Cercano, simpático y fácil de seguir.
No es un cuadro negro pegado encima. Elijo el color de cada parte, la forma de los módulos y los marcadores, y hasta el logo del local en el centro. El código se funde con la pegatina y la pegatina con tu marca.
Cada pegatina se diseña a la medida de un local. Si quieres ver cómo quedaría la tuya, hablamos.